La palabra progresista se toma en este momento como forma de pensamiento[1] y la relación que ésta guarda con la Bibliotecología.
El progreso en términos de mejoramiento parte de dos tipos de relación: relación que se da entre el ser humano y la naturaleza y la relación del hombre con sus similares, relación en términos de convivencia basada en la ética. La primera relación se centra en dominar a la naturaleza para generar una clase de sociedad fundamentada en valores como la justicia, la solidaridad, la paz, entre otras. Al pasar el tiempo y con la llegada del modernismo, toda la atención se centra en el desarrollo de las nuevas tecnologías y en la forma como se controla a la naturaleza; surge un desprendimiento entre el progreso en las relaciones sociales la cual no puede ir a la par con los desarrollos técnicos o tecnológicos, pues se establece que el modernismo condiciona al progreso en términos de avances técnicos, tecnológicos, instrumentales, por lo que se descuidan las relaciones sociales; ello da paso fuerte al fenómeno del capitalismo y del mercantilismo, que entran a afectar las relaciones entre personas, fortaleciendo la relación entre cosas a través del consumismo al que impulsa la globalización, pues todo se centra en el materialismo como prioridad y forma de progreso a nivel global.
A modo de ejemplo, debe pensarse como la información ha pasado a ser un objeto más de mercantilización a la que solo puede acceder aquel margen de personas que cuentan con poder adquisitivo. Frente a esto, el fenómeno del open Access ha luchado por mantenerse y hacer que la información no se totalice como mercancía y se logre mantener un porcentaje importante de información a la que se pueda acceder libremente y en forma de full text.
Por otro lado, las relaciones sociales sin duda, permiten que la forma de pensamiento se ajuste más a la realidad, pero este pensamiento debe darse de manera crítica, se debe reflexionar sobre la realidad social para así mismo abrirse a otras posibilidades que permitan rescatar la esencia de la interacción humana y de que haya un sentido de apropiación por lo esencial más que por lo material, es hacerse más sensible a la condición humana y no desconocer situaciones como por ejemplo, los derechos que se vulneran a diario como es el de el acceder a la información y tener libertad de pensamiento. Aquí la biblioteca es un actor importante en la garantía de derechos básicos.
Ahora bien, todo esto conduce a que el pensamiento progresista, se da de manera crítica, analizando la realidad y la relación del ser humano con ésta. Esto trae consigo identificar la forma como el poder influye en el saber y de qué manera condiciona el pensamiento de las personas frente a la realidad. Se hace necesario analizar el poder, en términos de legitimación pues la realidad está condicionada por las relaciones de poder, por ende el pensamiento progresista ahonda en la forma como se piensa al poder y cómo se relaciona con esta forma de pensamiento.
Analizar el poder implica decodificar todo lo que significa, descifrarlo desde sus concepciones iniciales y seguir toda la transformación que ha sufrido con el paso del tiempo y de qué manera las sociedades se han apropiado de él; llevando a cabo un análisis exhaustivo de éste fenómeno, será posible entender el por qué de las diferencias sociales, de clase, de género; entender como la información es una forma de poder, que puede actuar de dos formas: de manera excluyente y opresora de la condición humana, o medio que puede llevar a la humanización de la condición humana, pues hasta el sentido de lo humano se pierde en la transformación del poder.
[1] El término pensamiento progresista se toma como base de análisis de la publicación de Jorge Luís Acanda González. [Consultado:28/11/11] Disponible en: http://www.nodulo.org/ec/2002/n010p05.htm
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