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Reflexiones sobre las bibliotecas públicas y sus realidades I

Silvia, Cauca.


“Una filosofía de la humanidad se distingue de una filosofía del hombre por su insistencia en el hecho de que no es un hombre, hablándose a sí mismo en diálogo solitario, sino los hombres hablándose y comunicándose entre sí, los que habitan la tierra.” Hannah Arendt.

Evocar la biblioteca pública como un ejercicio de memoria, trayendo al presente la experiencia que tuve al haber conocido una por primera vez, hace parte de la reflexión sobre el desarrollo que han tenido las bibliotecas, a partir de las acciones con las cuales se ha buscado hacer mayor presencia a nivel nacional, en el proceso de fortalecimiento de su función social y cultural a través de la estrategia de tutores departamentales del Ministerio de Cultura de la cual hice parte.

Recabar en los recuerdos de los usuarios y los bibliotecarios acerca de cómo recuerdan la primera biblioteca que conocieron, es encontrarse con varios elementos comunes a todos: estantes con forma de vitrinas, ficheros, bibliotecarios huraños, recintos que exigían un silencio sepulcral, libros empastados, poco atractivos y de acceso restringido, oscuridad, telarañas; la biblioteca para investigar, para estudiar; bibliotecarios conocedores de los libros más consultados o de aquellos libros poco comunes.

Con lo anterior, podríamos decir que así eran las bibliotecas tradicionalmente, pero lo tradicional queda de lado en algún momento de la historia, para pasar a lo moderno. Cuando se consulta acerca de la teoría de la modernización, ésta tiene sus inicios entre las décadas de los años 50 y 60  en los países de América del Sur (República, 2015), periodo en el que inician los procesos de modernización de las bibliotecas públicas en Colombia.

Es así, que hacia el año 1954 se da el inicio de la primera biblioteca a la modernidad, con la apertura de la Biblioteca Piloto en la ciudad de Medellín, apoyada por la UNESCO. Este inicio dio paso a la formación profesional en Bibliotecología, a través de la creación de la Escuela Interamericana de Bibliotecología en la Universidad de Antioquia, con apoyo de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Posteriormente, entidades privadas como el Banco de la República y algunas Cajas de Compensación Familiar, se aunaron a estos esfuerzos por generar mayor acceso a bienes de interés cultural (Melo, 2016).

Ahora bien, desde el ámbito de las bibliotecas públicas estatales, hacia el año 1978 inicia su proceso de desarrollo en red, con la creación de la Red Colombiana de Bibliotecas Públicas. De este modo, se buscaba consolidar una nueva concepción de biblioteca, fundamentada en favorecer la convivencia ciudadana, el respeto de la diversidad y la paz, en el marco de la modernización del Estado y la descentralización territorial, facilitando el acceso democrático a diferentes formas de manifestación de la cultura, como los libros, la música, las artes plásticas, entre otros  (Biblioteca Nacional de Colombia, 1998).

Esta red llegó a diferentes regiones del país, a través de la entrega de dotaciones bibliográficas y audiovisuales, apoyo en la formación a los bibliotecarios y tuvo alcance con las administraciones municipales, a fin de garantizar los mínimos de sostenibilidad y así mantener en el tiempo el acceso a la información y la cultura.

39 años después, gran parte de los procesos de modernización de las bibliotecas públicas, que conforman la Red Nacional, han tenido continuidad consolidando los esfuerzos del Banco de la República, de las Cajas de compensación y de la Red Nacional a través de la ley 1379 de 2010, que, para dar alcance a lo allí contemplado, la Biblioteca Nacional de Colombia desarrolla una iniciativa denominada: Estrategia de Tutores Departamentales, proyecto con el cual se busca fortalecer su implementación.

En este ejercicio de implementación, es preciso hacer remembranza de la primera vez que inicié el trabajo en región, lo cual es encontrarse con diversas situaciones en las que se confronta todo: desde la llegada al municipio, hasta querer que las horas se extiendan, para alcanzar a dejar establecido lo que básicamente debe funcionar en la biblioteca.

Para que todo lo planeado sea posible, es esencial el nivel de involucramiento de los bibliotecarios en esta labor, trabajo en equipo el cual se convierte en un aprendizaje mutuo, donde la ley, la experiencia y la academia confluyen en un mismo espacio y donde los resultados y/o avances reafirman que lo mínimo es lo esencial, para que una biblioteca funcione en la idea de lo público.

Por otro lado, dar confianza a las administraciones municipales respecto de la destinación de los recursos para las bibliotecas (destinaciones que si bien son claras en la ley) es necesario, puesto que para un tesorero, secretario de hacienda o alcalde es algo que les genera incertidumbre, pero que con el tiempo se ven materializadas las inversiones en infraestructura, mobiliario, contratación de bibliotecarios, mejoramientos locativos, entre otros, al punto que las bibliotecas en buena proporción del país, ya hacen parte de los planes de desarrollo local.

Sumado a lo anterior, las bibliotecas públicas se han fortalecido en los últimos siete años, en formación a los bibliotecarios, dotaciones e implementación de servicios básicos, lo cual se puede constituir como productos logrados, sin embargo, la materialización de dichas metas no es el fin último, sino el inicio para la consolidación de procesos, lo cual implica el empoderamiento por parte de sus comunidades, de tal manera que dichas metas trasciendan y ello toma tiempo. 

Es así que a través de la Estrategia de Tutores Departamentales, la ley ha tenido una aplicación más allá del interés teórico por plantearla, situación que permite ver la ley reflejada en la práctica y con la satisfacción, de estar haciendo los esfuerzos necesarios por hacer que lo allí consignado no se quede en el papel; sin embargo, el ejercicio de implementación genera a su vez, la necesidad de actualizar la norma, de tal manera que se ajuste en mayor medida a las realidades de contexto.

En definitiva, aplicar la ley ha significado colocar a las bibliotecas en el ámbito de la modernidad, como posibilidad para favorecer a través de los ciudadanos transformaciones políticas, sociales, culturales, económicas e institucionales. Por ello, inquieta identificar no sólo los efectos y/o las consecuencias que se han producido, sino también las posibilidades que pueden darse en lo local, desde una mirada crítica y reflexiva, donde la postmodernidad pueda aportar elementos a este propósito (Novoa, 2005). 

A propósito de identificar efectos y/o consecuencias de la modernidad, los bibliotecarios y usuarios asocian dicho término con la dotación de computadores, de tabletas, de internet, libros más agradables (en su ilustración, diseño, etc.); bibliotecas con una oferta de servicios más amplia, con mejor mobiliario, infraestructuras más amplias en muchos casos, así como el desarrollo de actividades fuera de la biblioteca. Queda para la profundización, identificar lo que ello ha trascendido o no para sus vidas y lo que está por hacer.

Acontece además, que el fenómeno de la modernidad podría identificarse por la cantidad de productos logrados y en esa medida, cuantificar el número de personas a las que llega. Sin embargo, en el contexto de las bibliotecas públicas, más que las cantidades, se precisa identificar el nivel de aprovechamiento y apropiación de los recursos con los que ahora cuentan, lo cual es algo que varía según el contexto de cada región, situación que se puede reflejar en lo siguiente:

-       Como consecuencia de la modernidad, se podría pensar que la tecnología y el internet han dejado de lado el uso del libro, como fuente de consulta en su gran mayoría, donde ciertas temáticas o secciones de libros poco y nada se consultan. Sin embargo, así como hay bibliotecas donde el foco de acceso a la información es internet y la colección de referencia puede pasar desapercibida, hay bibliotecas donde dicha colección es el primer paso para las consultas básicas, donde se agota primero esa posibilidad, antes de dar alcance a otras alternativas que ofrece la biblioteca pública.

 Adicionalmente, en la gran mayoría de las bibliotecas públicas se han logrado elementos que la ley contempla, pero no en todas se ha logrado la totalidad de lo que la norma plantea; bien sea por la categorización de las entidades territoriales, por las voluntades políticas, por la temporalidad de los bibliotecarios y su nivel de compromiso y en definitiva, por la realidad social, política y cultural de los municipios.

Bibliografía

Biblioteca Nacional de Colombia - Públicas, G. d. (1998). Programas de la Red Colombiana de Bibliotecas Públicas. ANABAD, 48(3-4), 77-86.

Melo, J. O. (octubre de 2016). jorgeorlandomelo.com. Recuperado el 01 de agosto de 2017, de http://www.jorgeorlandomelo.com/biobliotecaspublicas.htm

Novoa, O. A. (2005). Sociología y modernización. Revista de Ciencias Sociales(1), 1-19.

República, S. C. (2015). Biblioteca Virtual-Biblioteca Luís Ángel Arango. Recuperado el 10 de agosto de 2017, de http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/ayudadetareas/politica/teoria_de_la_modernizacion

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