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¿Cómo se desarrolla la bibliotecología político-progresista en el marco de la prestación de servicios en la Biblioteca pública?

La bibliotecología progresista nace en los años 30 en Estados Unidos. Se centra en la idea de que “la información, el conocimiento y el acceso a la cultura son derechos fundamentales de las personas y constituyen por consiguiente un derecho humano reconocido en la Declaración Universal y en el Manifiesto de la Unesco en defensa de la Biblioteca Pública”[1].

A modo de ejemplo, el derecho de acceso a la información está sujeto a un contexto democrático o nivel de formación académica. El facilitar el acceso a la información como mero ejercicio no es garantía del aprovechamiento del mismo. Una de las competencias ligadas a la ciudadanía es la lectura, por lo que la Biblioteca pública juega un papel importante en el apoyo al desarrollo del ser humano para así lograr una participación más activa y por ende la transformación de su entorno.

Es así que el actuar de la Biblioteca Pública en el marco de la democracia y la participación, está sujeta a que se “asuma de manera más comprometida y activa, un acompañamiento del individuo y de la comunidad organizada en una lectura crítica de la realidad, mediante el debate público sobre los temas que le afectan con miras a una participación consciente en su trasformación. Es decir, que contribuya a crear ciudadanos bien formados.”[2]



[1] Fois, S. & Gimeno, J. (2008, noviembre). Una aproximación a la bibliotecología crítica, socio-política, progresista y alternativa. Ponencia presentada en el IV Congreso Nacional de Bibliotecología, Documentación, Archivística y Museología, “Tendencias de las ciencias de la información en Bolivia”
[2] Castrillón, S. (2001). ¿Crea la biblioteca ciudadanos mejores informados?”, Revista Interamericana de Bibliotecología, 24, 103-111.

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